Las empresas familiares que mantienen su éxito a lo largo de generaciones tienen una cosa en común: son capaces de promover de forma persistente, de generación en generación, el espíritu empresarial que les llevó al éxito inicial. Ese espíritu, una combinación de ambición, determinación y voluntad de asumir riesgos calculados, es esencial para sobrevivir a tiempos difíciles.

Esta es la tesis que los consultores Judy Lin Walsh, Samuel Bruehl y Nick Di Loreto desarrollan en  un artículo publicado en Harvard Business Review en el que sintetizan sus experiencias asesorando a algunas de las mayores empresas familiares norteamericanas.

El CEO de una empresa de tercera generación, poco después del COVID-19, lanzaba el siguiente mensaje a los adolescentes que conformaban la próxima generación: «En tiempos como este, muchas empresas van a quebrar. Pero, dado que siempre hemos dirigido nuestra empresa familiar con espíritu emprendedor y diversificando, nuestra empresa familiar sobrevivirá a esta crisis y estará en condiciones de prosperar a largo plazo. Aprended de esta experiencia y pensad en lo que podéis hacer como empresarios».

Este es un consejo valioso, para el futuro de las empresas familiares en general. Promover el espíritu emprendedor desde el principio favorece que la empresa familiar prospere de generación en generación y supere futuras crisis. Pero no es fácil hacerlo correctamente.

Muchas empresas familiares se apoyan en la historias de emprendimiento del fundador, que perseveró, superó la adversidad y triunfó. Pero para muchas familias, es más fácil hablar emprendimiento que inculcar realmente el espíritu empresarial en la nueva generación. Muchos temen acabar mimando a los jóvenes. Otros, que los jóvenes se dedican solo a sus proyectos favoritos y a pasatiempos caros.

Si bien no hay un sólo modo correcto para mantener el espíritu emprendedor en el seno de una familia, los que tienen éxito suelen hacer muchas cosas de forma similar. Los autores del mencionado artículo identifican siete principios básicos:

1. Explicar la dura realidad

Conocer la historia de la empresa tiene escasa utilidad para los jóvenes si no contempla los retos y las dificultades que se tuvieron que pasar antes de alcanzar el éxito. No se trata de alimentar el mito del fundador, sino que las nuevas generaciones se puedan sentir identificadas e inspiradas para tomar decisiones cuando las cosas no vayan bien.

2. Exigir rigor

Apoyar a los jóvenes financieramente en todas las ideas que tengan, de ningún modo les ayudará a largo plazo. Hay que ofrecer la sabiduría de los que tienen experiencia, principalmente en forma de preguntas inteligentes. Y también hay que exigir respuestas bien pensadas, a la altura de lo que pediría un inversor profesional. De otro modo el apoyo financiero solo conseguirá que parezca que el dinero no tiene valor.

3. Ofrecer apoyos no dinerarios

Es interesante ofrecer apoyos no financieros a los jóvenes que quieran emprender una iniciativa, como mentorías de directivos, apoyo en marketing o contactos con proveedores clave. Si la idea es realmente buena no será difícil que los jóvenes emprendedores consigan la financiación de otras fuentes.

4. Establecer normas claras

Todo el mundo ve la necesidad de establecer normas después de que aparezcan los conflictos. Sin embargo lo adecuado sería crear las normas mucho antes de que sea urgente aplicarlas. Se recomienda clarificar los procedimientos para saber en que condiciones se pueden financiar las nuevas iniciativas, con que contrapartidas, con que mecanismos de control.

5. Apoyar a los que quieren ser independientes

Es recomendable facilitar que los jóvenes con talento puedan salir del negocio familiar. No hay que temer perderlos. Siempre habrá tiempo para que regresen a la empresa familiar, pero de ese modo lo harán habiendo adquirido habilidades y experiencias en entornos distintos. En cualquier caso, los deseos de emprender son una señal de que se ha tenido éxito fomentando la iniciativa empresarial.

6. Asesorar sin microgestionar

Los miembros con experiencia de la generación en el poder tienen que encontrar un equilibrio entre dar suficiente apoyo y orientación para que los jóvenes puedan aprender ahorrándose costosos errores, y dar tanta guía y consejos no solicitados que dejen de ser bienvenidos y se dañen las relaciones familiares.

7. Dar espacio a los intraemprendedores

Algunos emprendedores deciden crear dentro de la empresa familiar. Tienen la ventaja de capitalizar lo construido para aprovechar las nuevas tendencias del mercado. A estos hay que darles espacio suficiente para poner a prueba sus ideas. Es la única forma de que puedan aprender y crecer. Lógicamente no lo harán como nosotros lo habríamos hecho, pero eso no significa que se equivoquen. A estos hay que animarlos a desarrollar su talento y mantener vivos sus intereses.

Estos siete principios ponen de manifiesto la necesidad de encontrar el equilibrio entre ofrecer sabiduría y sobrecontrolar las iniciativas de los jóvenes. Los miembros de la nueva generación tienen que ponerse a prueba y ambicionar tener éxito por si mismos. Ante todo hay que evitar que desarrollen miedo a fracasar.

Walsh, Bruehl y Loreto nos recuerdan que tener una red de seguridad siempre puesta frena el desarrollo del espíritu emprendedor. Los jóvenes necesitan espacio para correr riesgos, fracasar, recuperarse y trazar nuevos rumbos.

Diego Torres, PhD

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